10 de abril de 2011

El misterio del piano

Esta historia es una publicación que se hizo en el diario Hoy, sobre una de las historias que cuenta Ramón D. Tarruella en su libro “Mitos y leyendas de La Plata”:


La siguiente leyenda tuvo lugar, dicen, en la plácida localidad platense de City Bell. Entre el trinar de los pájaros y el suave quejido de los árboles mecidos por el viento, hizo su aparición en el barrio una extraña familia que llamó poderosamente la atención de los vecinos.

Parecían salidos de una película de la Segunda Guerra Mundial. Los cuatro eran muy blancos y tenían un aspecto como de refugiados de Europa del Este. La mujer con un pañuelo negro en la cabeza, el marido robusto, al frente, llevando dos valijas enormes, y los dos pequeños hijos, de aspecto frágil y asustadizo, portando pequeñas maletas y tomados de las férreas manos de su madre.

La llamativa familia se instaló en una casa modesta con entrada para auto y patio, en la calle Boston, en una época donde abundaban los terrenos baldíos y City Bell todavía no presentaba en todo su esplendor la opulencia de los caserones y chalets contemporáneos.

“Eran tiempos en que a la calle Boston entre 1 y 4 se la llamaba ‘el suburbio’. Apenas caían dos gotas y la zona se volvía un barrial, con esquinas inundadas y frecuentes cortes de luz”, señaló Ramón Tarruella, qué desarrolló esta leyenda local en su libro Mitos y Leyendas de La Plata, Breves historias urbanas.

Luego de instalarse en “el suburbio”, la presencia de esta llamativa familia comenzó a generar comentarios encendidos de los vecinos del barrio. Algunos aseguraban que eran nazis escapados de la guerra, otros especulaban que eran miembros de la nómade nación gitana, otros, un tanto asustados, decían que eran miembros de una secta.

Los comentarios de los vecinos eran tan abundantes como escasos los movimientos de la familia. Por lo que se sabía, el padre trabajaba de sol a sol y nunca, o casi nunca, estaba en casa. La mujer, siempre vestida con ropa anticuada de riguroso negro, daba un aspecto duro y un comportamiento ermitaño. Los niños, un varón y una nena, parecían dos blancos angelitos con un frágil temple al estilo de la porcelana. Por orden de la madre jamás salían a la calle, hecho que generó la intriga de los chicos de barrio.

Cada tanto, de entre las cortinas que cubrían las ventanas delanteras de la casa, se vía asomar la nívea cara del muchachito de la casa. Tenía los ojos saltones, la expresión temblorosa y asustadiza y de vez en cuando miraba a los chicos mientras jugaban en la calle.

Este llamativo vigía despertó la curiosidad de los chicos, quienes, debido a su aspecto trémulo y pálido, inmediatamente pensaron que estaba poseído por el diablo o había sido vampirizado por una fuerza maligna.

Una tarde, mientras los chicos jugaban en la vereda, comenzó a oírse a lo lejos el asordinado sonido de un piano. Se trataba de una melodía maravillosa, hipnótica, que logró detener el fútbol y los juegos de esa tarde para ir en la búsqueda de la fuente sonora.

Como atraídos por un imán, los chicos fueron avanzando hasta llegar al portón de la extraña casa que albergaba a la familia más insólita del barrio. Allí descubrieron que la ejecutante de esos encantadores acordes y subidas era la niña de la casa, que mataba sus horas de encierro tocando increíbles melodías llenas de expresividad y sentimiento.
No faltó chico del barrio que no se enamorara secretamente de esta princesita extranjera y soñara liberarla de su condenado encierro.

Sobre la extraña familia se decía que eran nazis, miembros de una secta del mal o hasta extraterrestres que estaban cumpliendo una secreta misión citybelina.

Los rumores siguieron aumento, pero un día, sin que nadie lo notara, la familia se fue de la casa. Desde afuera sólo se veía un renault 12 sin las cuatro cubiertas y se escuchaba el firme ladrido de un perro en el fondo de la casa.

“Pasó el tiempo y la casa siguió cerrada, el piano en silencio, el auto en el mismo lugar y la familia sin aparecer. Lo que ya no se escuchaban eran los ladridos del perro”, contó Tarruella.

Los chicos del barrio decidieron entrar hasta el fondo de la casa para comprobar si se habían llevado al perro. Fueron avanzando lentamente hasta que un olor nauseabundo los alertó de la suerte que había corrido aquel animal. Cuando llegaron hasta el patio trasero descubrieron al can en completo estado de descomposición, agusanado y aún atado a la cadena de la que nunca se pudo zafar.

“Eran nazis nomás. Está claro, los nazis odian a los perros, por eso se explica lo que le hicieron a este pobre pichicho”, dijo un viejo vecino consternado.
Desde aquel día, la casa abandonada pasó a ser un centro de reunión cotidiano. Utilizaban toda la superficie del patio circundante para jugar, pero nunca entraban a la casa.

Un día, en medio de una tranquila tarde en la que no se oían más que el gorgojeo de las aves, el sonido de una sirena alteró la mansedumbre de la zona.

Una dotación de bomberos se hizo presente en “el suburbio” y fue directo a la casa abandonada que había sido refugio de esa extraña familia. Frente a la vivienda se ubicaron los vecinos del barrio y vieron cómo las llamas consumían todo.

Un tiempo después, los chicos entraron nuevamente a la casa. Recorrieron ambiente por ambiente y observaron cómo el fuego había quemado todo. Pero al llegar a una sala, un hecho inesperado heló la sangre de los presentes: el piano de cola, el mismo al que niña lograba sacarle dulces fraseos, estaba en perfecto estado. El fuego, que todo lo había destruido, pasó por alto el instrumento y dejó intacto el recuerdo de las melodías que ejecutaba la niña y de su extraña y misteriosa familia.


Fuentes:
"Mitos y leyendas de La Plata", Ramón D. Tarruella
"La eterna melodía del piano", Revista Tiempos, 18/3/2007
"Una extraña familia que se esfumó", Diario Hoy, 31/1/2010

6 comentarios:

Jade dijo...

Yo tengo el libro ese, editado por La comuna! creo que hicieron pocos, y como mi mamá es amiga de una de las que trabajan ahi pudimos conseguir uno.. muy bueno!

Nico dijo...

@Jade: Si, es la editorial municipal la que lo editó; hay libros muy interesantse sobre la historia platense que se hicieron ahí. Yo lo conseguí hace como un año en una librería pero era el último. No sé si actualmente está agotado.

IrAh dijo...

La historia es super interesante, pero me gustaría corregir un hecho historico: los nazis amaban los perros, Hitler los adoraba. Asi q claramente no eran nazis ;)

Misterios de La Plata dijo...

@IrAh: Puede haber nazis que si y otros que no; no hay una norma de los nacionalsocialistas que haga referencia a ello :P Además si leíste el libro de donde saqué esta historia, vas a ver por la forma en que está escrito que muchas son historias fantásticas con poco de cierto, así que no hay que tomar como totalmente verdadero lo que dice.

Ann tripulante dijo...

Todo lo que se dice de esa casa es verda,por que mi abuelo que era plomero el cuido esa casa durante 14 años sin que la señora le permintiera tocar nada de la casa el reno 12 estuvo hasta el 2012 cuando unos gitanos usurparon la casa misma del relato y sacaron a mi abuelo,y nunca Mi abuelo pudo saber nada sobre los anteriores dueños y de que pais eran no se le podia preguntar nada de nada!! los pagos los hacien por correo,los inpuestos lo pagaban con pago electronico no avia luz,no tenian agua corriente,tampoco cluacas ect,mi abuelo cuido esa casa despues de que la prendieran fuego,pero el piano no estaba intacto se quemo todo,abitacion tiene 1 sola,una cosina en forma de L,y un comedor grande y una escalera para construir un segundo piso,pero con mi abuelo fueron muy buenos,pero no hablaban demaciado,pero un dia mi abuelo los invito a comer a mi casa y vinieron y estuvieron,comieron,bebieron se fueron contentos pero no hablaron nada de ellos,el hijo se llama patricio y la hija virginia para más relato llamen a mi abuello 221-4803954

Ann tripulante dijo...

Todo lo que se dice de esa casa es verda,por que mi abuelo que era plomero el cuido esa casa durante 14 años sin que la señora le permintiera tocar nada de la casa el reno 12 estuvo hasta el 2012 cuando unos gitanos usurparon la casa misma del relato y sacaron a mi abuelo,y nunca Mi abuelo pudo saber nada sobre los anteriores dueños y de que pais eran no se le podia preguntar nada de nada!! los pagos los hacien por correo,los inpuestos lo pagaban con pago electronico no avia luz,no tenian agua corriente,tampoco cluacas ect,mi abuelo cuido esa casa despues de que la prendieran fuego,pero el piano no estaba intacto se quemo todo,abitacion tiene 1 sola,una cosina en forma de L,y un comedor grande y una escalera para construir un segundo piso,pero con mi abuelo fueron muy buenos,pero no hablaban demaciado,pero un dia mi abuelo los invito a comer a mi casa y vinieron y estuvieron,comieron,bebieron se fueron contentos pero no hablaron nada de ellos,el hijo se llama patricio y la hija virginia para más relato llamen a mi abuello 221-4803954