13 de marzo de 2011

Historias del cementerio de La Plata (parte I)

Hoy dejo un par de las tantas historias que cuentan quienes trabajan en el Cementerio de La Plata, y que no fueron escritas por mi sino que lo hizo Olga B. Flores en su publicación Anécdotas y mitos que involucran a muertos... y vivos. La foto fue tomada por yoti.




Nos vamos de viaje
Un mañana uno
de los empleados avisó alarmado a sus compañeros que estaba seguro de haber visto un cadáver en descomposición tirado en la puerta de un nicho. Se dirigieron en forma urgente hacia el lugar y confirmaron que de un cajón alguien había sacado un cuerpo y lo había arrastrado varios metros.
Mientras en el cementerio trataban de encontrar una explicación, al bar de enfrente entró un señor con la camisa manchada y un olor nauseabundo. Su aspecto llamó la atención de los pocos parroquianos que ocupaban una mesa. Con los ojos desorbitados, el extraño pidió un teléfono, aduciendo que tenía que llamar a un flete para llevar a su padre a Italia. El dueño del bar prefirió llamar a la policía, y así quedó develado el misterio del muerto fuera del cajón.


La siesta
Una tarde de enero, unos cuantos veranos atrás, después del almuerzo y unos vasos de más, uno de los sepultureros decidió tomarse una siesta. El lugar más fresco y cómodo que encontró fue una sepultura. Sus compañeros, viendo que estaba profundamente dormido, lo cubrieron con coronas de flores (que abundan en el cementerio). Cuando despertó, tuvo que sacarse las coronas de encima para poder levantarse.
En ese mismo momento, dos señoras mayores colocaban flores en una tumba cercana y empezaron a ver al hombre que salía de la sepultura. El sepulturero bostezó, las miró y les dijo: “buenas tardes”. Lo último que se supo de esas dos señoras fue que salieron corriendo y a los gritos por la puerta principal.

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