12 de noviembre de 2010

Prisioneros en el Museo de La Plata

Vigílelo de cerca a Inacayal. Anda todo el día borracho y perdido… parece un fantasma”. Estas fueron las órdenes que le dio Francisco “Perito” Moreno (director del Museo de Ciencias Naturales de La Plata) a uno de sus ayudantes en 1888. Inacayal era uno de los aborígenes patagónicos capturados en la Conquista del Desierto, que habían sido enviados a vivir en los subsuelos del museo platense, y las palabras de Moreno parecían estar prediciendo su futuro...

Modesto Inacayal nació en 1833 en el seno de la tribu tehuelche de los “Gününa Kene”, quienes habitaron durante el siglo XIX, entre el norte de la provincia de Chubut y las orillas del río Limay. Era un cacique de segundo orden, subordinado a Sayhueque (el “Señor del País de las Manzanas”). Tenía dos mujeres y estaba al mando de unos 900 hombres. El explorador chileno Guillermo Cox lo describe de esta forma: “Inacayal me agradó al momento, tiene el ademán franco y abierto, la cara inteligente y sabe algo de castellano; de cuerpo rechoncho pero bien proporcionado”. No sabía escribir pero podía hablar un poco de español y siempre recibía pacíficamente a exploradores que llegaban a la zona, a quienes agasajaba con manzanas y les daba a sus mejores animales para la cena.
En 1879 conoció y ayudó al joven Perito Moreno, quien estaba en medio de una expedición por el lago Nahuel Huapi. Al explorador le sorprendió la amabilidad de los aborígenes con el hombre blanco, y relata en sus crónicas que “el cacique enarbola el pabellón nacional frente a su toldo y cómo Ultrac, su primogénito, y otros aborígenes, llevaban la bandera argentina en sus lanzas”.

Ya por esos años había comenzado la “Conquista del Desierto”, y hacia 1881 el general Julio A. Roca emprendió una campaña militar contra los aborígenes al sur del río Negro. Inacayal resiste junto a otros caciques, pero cuando se disponía a negociar una tregua con los argentinos, sus tolderías son atacadas y es tomado prisionero el 18 de octubre de 1884 junto a su familia y los demás de su tribu, en Junín de los Andes.

Los militares tomaron sus caballos y reparti
eron a sus hijos entre las familias de los generales, para usarlos como sirvientes. Es llevado junto a otros dos caciques (Foyel y Sayhueke) hasta una base militar en la isla Martín García en donde permaneció un año y medio talando árboles y picando adoquines, obligado a vestir la ropa que descartaban los soldados y a comer las sobras de la milicia. Siguió resistiéndose a ser prisionero del hombre blanco, y eso queda registrado en sus palabras: “Yo soy un jefe, hijo de esta patria. Los blancos mataron a mis hermanos, robaron mis caballos, me quitaron la tierra que me vio nacer. Me tomaron prisionero”.
Sayhueque y Foyel fueron liberados y pudieron regresar a su tierra a cambio de reivindicarse como argentinos. Inacayal se negó a resignar su identidad, por lo que permaneció en cautiverio.

El Perito Moreno
lo “rescató” en octubre de 1886 a modo de agradecimiento por la ayuda que le había brindado el cacique durante su expedición por la Patagonia, y entonces Inacayal fue trasladado junto a otros aborígenes (entre los que estaban su mujer y una de sus hijas) hasta el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en el cual permanecería el resto de sus días.

En total había 12 aborígenes viviendo en el museo del bosque, como si fueran parte de la colección viviente de Moreno. Durante el día se les permitía transitar los pasillos del edificio del bosque platense, que todavía estaba en construcción. Pero ya de noche eran encerrados con candado en una habitación del subsuelo. Se les deba de comer una olla de sopa para todos, y al no poder salir tenían que hacer sus necesidades en un rincón. Las mujeres se ocupaban de la limpieza del museo, el lavado de las ropas del personal y la confección de telares para la venta; los hombres tenían tareas como cavar pozos, limpiar los desagües cloacales y trabajar en la construcción del edificio que recién finalizó en 1889.
Como parte de la “colección” del museo, los aborígenes eran examinados desnudos por científicos que concurrían a verlos. También se los fotografiaba o se los obligaba a quedarse quietos durante horas frente a un pintor que los retrataba.

El 21 de septiembre de 1887 muere a los 30 años Ma
rgarita, la hija del cacique Foyel. Unas semanas después (el 2 de octubre) muere la mujer de Inacayal, y a los ocho días también fallece Tafá, la mayor del grupo. Esta seguidilla de muertes le trajo mala fama al Perito Moreno. El diario Eco de Córdoba lo acusó de “caballero de la noche”, mientras que L’Operario Italiano de Buenos Aires cuestionó que no respetara las disposiciones municipales para el tratamiento de los difuntos. En el año 2006 se realizaron nuevas investigaciones, tras lo cual Fernando Pepe cree que pudieron haber sido envenenados, luego de analizar las mascarillas mortuorias que conserva el museo: “son impresionantes; tienen rasgos de sufrimiento y dolor, los dientes apretados”.
El antropólogo Herman Ten Kate describió a Inacayal en la Revista del Museo (publicada en 1904): “Era reservado, desconfiado, orgulloso y rencoroso. Comunicativo solamente cuando estaba ebrio. Dormía casi todo el día, discutía fácilmente, muy apático y sin ninguna preocupación por su persona”. Luego de las muertes de los aborígenes, Inacayal estaba triste y casi no dormía. Pasaba horas mirando los restos de su mujer que habían sido puestos en exposición en una vitrina del museo, junto a otros esqueletos. Para la primavera de 1888, el cacique tehuelche podía estar horas y horas mirando a la nada. Caminaba encorvado, arrastrando los pies; también hablaba solo, y se le caían los pantalones de tan delgado que estaba.

Murió el 24 de septiembre de 1888, por razones no del todo claras; sin embargo, se elaboraron las siguientes teorías acerca de su deceso:

  • Se suicidó por el tormento que le ocasionaba estar lejos de su tierra y prisionero en el museo en donde tenía que ver expuestos en las vitrinas los restos de sus seres queridos.
  • Lo empujaron por las escaleras de acceso al museo cuando se desnudó en público en uno de sus rituales. Esto lo fundamenta el antropólogo Ten Kate, quien observó que el esqueleto tenía los huesos de la nariz quebrados por alguna caída o golpe, y además le faltaban varios dientes.
  • Por último la teoría más mencionada, la cual dice que Inacayal al saber que iba a morir, realizó un ritual tras el cual se desvaneció. Así lo dejó asentado el naturalista italiano Clemente Onelli, secretario de Moreno: “Ya casi no se movía de su silla de anciano. Y un día cuando el sol poniente teñía de púrpura el majestuoso propileo de aquel edificio engarzado entre los sombríos eucaliptos… sostenido por dos indios, apareció Inacayal allá arriba, en la escalera monumental: se arrancó la ropa, la del invasor de su patria, hizo un ademán al sol, otro larguísimo al sur: habló palabras desconocidas y en el crepúsculo, la sombra agobiada de ese viejo Señor de la tierra se desvaneció como la rápida evocación de un mundo”.
El esqueleto del cacique fue descarnado y se lo preparó para exponerlo en el museo en donde había vivido sus últimos años. Así permaneció a la vista del público durante más de 50 años, hasta la década de 1940.
Tras muchos años de reclamos de los grupos de aborígenes desde la década de 1980, los restos del cacique Modesto Inacayal fueron restituidos a la ciudad de Tecka, Chubut, el 19 de abril de 1994 (Día del indio americano). Allí se le erigió un mausoleo con la entrada mirando hacia lo que fueron sus montañas. Tuvo que esperar más de 100 años para poder volver a sus tierras y tener un entierro como manda la tradición tehuelche, donde los difuntos son enterrados como si estuvieran en el seno materno, rodeados de armas, alimento y diferentes objetos que pudieran necesitar al renacer en otra parte.

El caso de Inacayal sirvió para que los museos continuaran devolviendo los restos de aborígenes a sus comunidades, como lo dice la ley Nº25.517 (sancionada en 2001): “los restos mortales de aborígenes, cualquiera fuera su característica étnica, que formen parte de museos y/o colecciones públicas o privadas, deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que lo reclamen”.
Pero la historia todavía no termina. En julio de 2006, unos estudiantes de antropología que estaban examinando los restos aborígenes del museo para identificarlos y devolverlos a sus tierras, encuentran parte del cuero cabelludo, cerebro, una oreja y presumiblemente el corazón disecado de Inacayal. Estos restos también se pusieron a disposición para ser regresados a Chubut, donde el gran cacique espera descansar en paz tras su final en el Museo de La Plata.


Y no se olviden de leer sobre los extraños sucesos en el museo que ocurrieron un tiempo después. Ya subí esa historia acá.


Fotos:
1. Sayhueque (izquierda) e Inacayal (derecha)
2. Busto de Perito Moreno en el Museo de La Plata.
3. General Roca, general Villegas, coronel Teodoro García y coronel Vintter durante la Conquista del Desierto (1879)
4. Museo de Ciencias Naturales de La Plata, donde permanecieron prisioneros los indígenas.
5. Algunas de las mujeres aborígenes que vivían en el Museo. De izquierda a derecha: Esposa de Inacayal, esposa de Foyel, esposa de Ariancu, Margarita, Tafá.
6. También había niños viviendo en el edificio del bosque. De izquierda a derecha: Niña tehuelche, hija de Inacayal, Sakak, hija de Inacayal, hija de Inacayal, hija de Inacayal, hija de Sayhueque, Trakel.
7. Foto de Inacayal durante sus días en el Museo de La Plata.
8. Sala de Antropología del museo, año 1891. Allí había en exposición decenas de esqueletos de aborígenes “recolectados” de cementerios indígenas, y otros de quienes murieron en la Conquista del Desierto.
9. Mausoleo de Inacayal en Tecka. Sus restos descansan allí desde 1994.
10. Algunas de las momias aborígenes que estuvieron (o siguen estando) en exposición al público en las salas del museo.
11. Cuero cabelludo, oreja y cerebro de Inacayal encontrados por estudiantes de antropología. También fueron halladas las cabelleras de Inacayal (delante), su mujer (detrás) y Margarita (trenzas).

Fuentes:
“Ciudad de La Plata. Su Historia”, profesor Ricardo S. Katz
“Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia”, Walter Mario Delrio
“La visita del cacique Inacayán”, Diario Hoy, 22/5/1999
“Tras la historia de un cacique”, Diario Hoy, 3/3/2002
“El Mausoleo de Inacayal recobra una importante parte de la historia de Chubut”, Gobierno de la Provincia de Chubut, 12/7/2006
“Reivindican al jefe Inacayal”, Diario La Prensa de Santa Cruz, 14/7/2006
“Quieren sacar de exhibición las momias del Museo de Ciencias Naturales de La Plata”, Diario Hoy, 20/7/2006
“Las historias ocultas del museo”, Diario Hoy, 23/7/2006
“El cacique Inacayal: Los nuevos restos del tehuelche que se encontraron en La Plata”, Diario El Día, 18/8/2006
“Restos humanos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata”, Revista La Pulseada, septiembre de 2006
“El Cacique Inacayal muerto en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata”, Sergio Cayuqueo, 11/4/2007
“El fantasma del museo”, Revista Crítica de la Argentina, 3/11/2008
“Fantasmas deontológicos en el Museo de La Plata”, Diario Clarín, 15/4/2009

8 comentarios:

Carina dijo...

Uy, qué historia de dominación más triste y tétrica, eso de que el pobre cacique haya tenido que contemplar los restos de sus familiares exhibidos en una vitrina.
Me gusta mucho el blog y las historias de mi ciudad que no conocia.
Saludos!

Nico dijo...

@Carina: Es una historia fuerte pero así eran las cosas durante el siglo XIX. Los indígenas no eran considerados como parte de la civilización y por eso durante la Conquista del Desierto se asesinó a miles, mientras que muchos más fueron tomados prisioneros, como ocurrió con Inacayal. En cuanto a los científicos de esa época, no manejaban los valores éticos que se tienen hoy en día y por eso era algo normal tomar restos humanos de cementerios aborígenes, o hacer estas cosas con los cuerpos de los que murieron en el museo.

Jape dijo...

Acabo de pasar una entretenida tarde leyendo todas las entradas, son cortas y concisas, lastima que las fotos no tengan un pie inmediatamente despues de la mismas sino que esten al final de la entrada. Esta de los aborigenes viviendo en el museo es la que más me ha impactado.

Nico dijo...

@Jape: Siempre trato de no extenderme mucho más de lo necesario para que las historias se puedan leer en pocos minutos y no se hagan densas, también por eso hago fotos para acompañarlas o busco imagenes de libros o diarios viejos; aunque lo de poner las leyendas de las fotos al final lo hago porque me resulta más fácil a la hora de escribirlo.

Y gracias de nuevo por tu comentario! También es una de mis historias favoritas, más que nada por la cantidad de personajes históricos que participan en ella y porque es algo cierto que realmente ocurrió.

Cayu dijo...

Me parece que hicieron un documental en video, habria que buscarlo si esta para bajar en algun lado o si se puede comprar

Utopia dijo...

https://www.youtube.com/watch?v=0MeDy4SU2PY este es el trailer del documental sobre el cacique Inacayal! Excelente el blog, muy buena información, saludos!

Marcela dijo...

Tremendo. Y pensar que estos genocidas dan nombre a nuestras calles y ciudades.

maylén dijo...

muy buena información, lamento que solo llegue a curiosos y no sea parte de la curricula educativa. dejemos de alabar a los científico, demos luz al conocimiento pero también a la verdad. dejemos de disfrazar a nuestros hijos de colon y de indios y dejemos de sacarle fotos mientras se abrazan en un ridículo acto.